Souto de Moura & Pallasmaa. ©Miguel Galiano

Madrid, España

Souto de Moura & Pallasmaa

Diálogo

Entrevista - 02.03.2016

La sede de la Real Academia de Bellas Artes en Madrid sirve de escenario del encuentro entre el arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura y el finés Juhani Pallasmaa.

Eduardo Souto de Moura (Oporto, Portugal, 1952), ganador del premio Pritzker en 2011, dialoga con el también arquitecto y antiguo decano en la Universidad Tecnológica de Helsinki, Juhani Pallasmaa (Hämeenlinna, Finlandia, 1936), sobre la relevancia de sus países de orígen en el panorama global de la arquitectura.

Souto de Moura & Pallasma. ©Miguel Galiano
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Juhani Pallasmaa: Ambos venimos de países considerados periféricos dentro de Europa, lo cual me parece una condición muy positiva ya que permite observar las cosas desde una distancia crítica, así como con un cierto desfase temporal. En este sentido, ¿qué circunstancias consideras que están modificando esta relación entre el centro y la periferia en Europa y el resto del mundo?
Eduardo Souto de Moura: Yo me eduqué bajo este concepto de periferia. Antes era lógico —yo solía hablar mucho con Siza sobre la cultura de lo local— pero hoy en día ya no lo es. Por ejemplo, hoy es más fácil llegar a París que a ciertas regiones de mi propio país, como Évora, principalmente porque tengo que ir en coche y tardo cinco horas en lugar del viaje de dos horas de avión a París. El concepto de la distancia ha cambiado.
En arquitectura es muy parecido. Recuerdo uno de mis primeros proyectos, el Mercado de Braga, donde diseñé un muro de hormigón de casi 100 metros. El alcalde me dijo entonces: “Eduardo, esto es muy caro, ¿no puedes hacerlo más barato? En piedra, por ejemplo”. Esta anécdota es curiosa porque Jacques Herzog, que me escuchó explicar el proyecto una vez, se sorprendió de lo rico que era Portugal que construía con piedra en 1984, algo impensable en Suiza. En este caso la piedra local es más económica, mientras que la madera, por ejemplo, cuesta el doble de lo que costaría en el norte de España —yo voy a Vilagarcía de Arousa a comprar pino americano—. Siza, igual que el resto de arquitectos en Oporto, estaba muy influido por la arquitectura de Alvar Aalto, que defendía el uso de materiales locales. Esto creó en la ciudad una cultura contraria al vanguardismo, que llegó más tarde al ser, como es Portugal, un país periférico. Aun así, veo con cierto escepticismo la idea de la periferia.
JP: Creo que la cuestión de la identidad que comentas es importante e interesante a la vez. He viajado mucho desde que era joven —este es mi viaje número 86 alrededor del mundo— y cuántos más lugares conozco, más siento mis raíces, y más disfruto de volver a casa. Alvar Aalto tenía razón cuando, en un par de entrevistas o ensayos, defendía que lo local y lo universal no eran opuestos.
ESM: Un poeta portugués, Miguel Torga, solía decir que “universal es una casa sin paredes”. Me encanta esta frase. La distancia entre lo local y lo universal es mínima. Lo que me gusta de Le Corbusier es que encontró un lenguaje universal, la casa universal. Al mismo tiempo siempre era local, toda su arquitectura viene de lo vernáculo.

Souto de Moura & Pallasma. ©Miguel Galiano
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JP: Estoy de acuerdo. Sin embargo es importante tener en cuenta la forma en la que mezclamos las culturas, en mi opinión muy violentamente, y no sólo en Europa, sino en todo el mundo. Por eso creo que la identidad y el contexto histórico se han vuelto cruciales y tremendamente complejos a la vez.
ESM: Debemos reconstruir la geografía. Puedes mover las ideas de lugar, pero el paisaje físico permanece inmóvil. Yo no puedo hacer el mismo edificio en Chicago o en Lisboa.
JP: Exacto. No puedes cambiar el clima, por ejemplo. Cuando era joven, no prestaba atención a estas cosas, pero con la edad he aprendido que no soy más que un producto de una situación local. He tenido la suerte de poder viajar y conocer el mundo, pero no dejo de verlo desde un punto de vista muy concreto, el del sur de Finlandia.
ESM: Cuando empecé a trabajar como arquitecto, me aterrorizaban las ventanas. Cada vez que tenía que diseñar una, entraba en pánico. Creo que es lo más difícil que puedes hacer en arquitectura. Abrir negativos en los muros es muy complicado.
JP: Al mismo tiempo, la ventana es la herramienta más potente para conectar tu edificio con el paisaje, lo que nos trae de vuelta la idea de lugar. Merleau-Ponty tiene un argumento muy interesante cuando dice que no vemos la obra de arte, sino el mundo a través de la obra de arte. Para mí esa es la esencia de la arquitectura: lo que una ventana revela.
ESM: Esa es, a lo mejor, como un cuadro de Matisse, la razón por la que son tan difíciles de diseñar. La semana pasada ganamos un concurso para hacer un teatro en el que utilizamos una fachada de un discípulo de Perret, con unas ventanas verticales y de proporción elegante. Me gustaba la idea de tener el conflicto entre Perret y Le Corbusier, con ventanas verticales y horizontales, por lo que propuse ambos tipos en la misma parte del edificio. Al final me aconsejaron no utilizar ventanas horizontales, lo que me sorprendió por ser una recomendación tan autoritaria en el siglo XXI.

Souto de Moura & Pallasma. ©Miguel Galiano
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JP: Esto me hace pensar que, como arquitecto, tienes que reinventar la ventana cada vez.
ESM: Así es. Y es dramático para mí… Tengo la sensación de que Siza o Moneo se levantan por la mañana, se lavan los dientes, y diseñan una ventana. Sin más. Tienen un don. Cuando Siza y yo diseñamos el pabellón de Portugal en Hannover, lo hicimos con una fachada de corcho, una cubierta curva muy abstracta, un gran muro y una cocina detrás. Un día fuimos a visitarlo y le dije: “Alvaro, tenemos un gran problema porque los bomberos dicen que tenemos que abrir una puerta de seguridad en el muro”. Era una gran pared, muy abstracta, como una escultura, y la puerta iba a quedar demasiado doméstica. Entonces Siza dibujó una puerta en cinco minutos, y así se hizo más tarde. Yo miraba el muro y con la mano tapaba y destapaba la puerta, para ver la diferencia. Al final me di cuenta de que era mejor con ella, porque se convertía en una ventana real, que tenía que ver con la vida, y no en el gesto de la instalación de un artista.
JP: Para mí la ventana es el ojo del edificio, y la puerta la boca. Son esenciales para la fisionomía del cuerpo, del edificio. En mis propios diseños nunca he podido entender la puerta como algo preconcebido. Siempre me pregunto qué es una puerta. Siempre tiene un contexto preciso y un propósito. Cada puerta es fundamentalmente diferente.
ESM: Ése es el verdadero problema de la arquitectura. En París tuve muchas discusiones con Aldo Rossi sobre las ventanas. Él me decía: “Eduardo, piensa siempre en las cuestiones prácticas, desde el interior al exterior, desde el exterior al interior”. Es como hacer un retrato.
JP: Comenzaste tu carrera en Oporto y ahora trabajas en muchas partes del mundo. ¿Te sientes cómodo trabajando en el exterior?
ESM: Estoy muy agradecido de trabajar en tantos países, y no sería correcto que dijese que no me gusta, pero sí que prefiero trabajar en Oporto. Para mí, lo más importante de la arquitectura hoy en día es tener tiempo. Tener tiempo para pensar, para cambiar, para hacer maquetas, bocetos, ir a la obra un sábado, cuando no hay nadie, hacer fotos… Es como la gastronomía: no puedes comer con prisa. Tienes que disfrutarlo tranquilamente. Por eso creo que la calidad de la arquitectura actual es baja, porque el tiempo es dinero, y los clientes piden tiempos muy cortos, que es normal; el problema es que lo aceptamos.

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JP: Sigfried Giedion, en Espacio, tiempo y arquitectura, habla de cómo Finlandia es con Alvar Aalto como España es con Picasso, o Irlanda con James Joyce. ¿Cuánto de tu trabajo está hecho desde una perspectiva portuguesa?
ESM: Lo que más me gusta de Portugal es la atmósfera, el ambiente. La arquitectura no es únicamente física. Si diseñas una silla, puedes hacerlo tú solo en una semana, pero diseñar en un lugar, en un país, te obliga a pensar en muchas otras cosas. Por eso la arquitectura es un asunto social. Para llegar a la máxima calidad en la profesión tienes que pensar en el tiempo, el material, los oficios, la buena relación con el cliente… No hay buen edificio con un mal cliente.

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JP: Cuando enseñaba en Doha, no se me ocurría dedicarme a la arquitectura allí porque no tenía por dónde empezar. Es una ciudad sin lugar. Es un no-lugar sin fin.
ESM: Es el coche y el hotel. Esta cuestión de lo regional y lo local es muy interesante. Lo hablaba con Frampton, que siempre defiende el regionalismo. Creo que hoy es ridículo hablar del regionalismo como antes se entendía, hoy hay un nuevo regionalismo. Pachi Mangado, por ejemplo, va muchas veces a Portugal porque está muy interesado en los oficios de allí. Viene a discutir unas cosas y otras con los artesanos y, con el tiempo, forman un equipo. Me siento más identificado con este tipo de trabajo, que con el que desempeñan en Lisboa, por ejemplo. Y no es una cuestión de rivalidad, sino de empatía. JP: Estoy de acuerdo. En Finlandia hay una tradición de no hablar. Me he dado cuenta de que allí la calidad de la arquitectura es mejor cuando hay una crisis (ya sea económica, política o social) y empeora en momentos de riqueza, cuando todo se da por garantizado. No creo que la arquitectura pueda existir sin la seguridad de que hay un futuro mejor. La arquitectura se construye desde la esperanza.
ESM: Cuando la gente me pregunta “Eduardo, ¿qué le dirías a los jóvenes arquitectos en esta etapa de crisis?”, yo respondo que siempre he trabajado en una etapa de crisis. Es bueno representar una oposición a esa crisis. En chino, la palabra crisis significa cambio y proyecto. Siempre es positivo. Hay que tener cuidado, además, porque hay mucho oportunismo con esta idea de la crisis. Los clientes, por ejemplo, aprovechan para intentar reducir los presupuestos y cosas así.

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