Perrault & Mangado. ©Miguel Galiano

Pamplona, España

Perrault & Mangado

Diálogo

Entrevista - 02.11.2014

El autor de la Biblioteca Nacional (París) y la Caja Mágica (Madrid) dialoga con el navarro, arquitecto del Pabellón de España (Zaragoza) y el Baluarte (Pamplona), en el centro hípico de Ultzama.

Dominique Perrault: El paisaje en la Ultzama es verdaderamente magnífico...
Pachi Mangado: Sí, de ahí la dificultad de hacer un edificio aquí. Me interesaba mucho esta finca, porque tiene unas cualidades fantásticas. De hecho, la parte más complicada del proyecto fue la discusión con el arquitecto del gobierno regional sobre cómo mantenerla: él quería que hiciese una casa convencional e idéntica a las que se encuentran en el valle, de ladrillo rojo. Me llevó meses convencerle de que una de las principales características de este paisaje arquitectónico era la densidad y cómo manejarla respetuosamente.
La arquitectura es parte del paisaje y no algo impuesto, y el color no es lo importante; lo que es importante es la idea de compacidad.
DP: Sí, yo estaba imaginándome algún tipo de arquitectura subterránea. Ahí tienes el bosque, ahí el río... y hay que saber cómo proteger el paisaje y cómo vivir en él. Es por eso que creo que uno puede adaptarse al paisaje y aprovechar la topografía, sin tocar nada.
PM: Por ejemplo, una cuestión que es increíble: aquí aprueban cualquier organización urbana con pequeñas casas, con fragmentación, simplemente porque son blancas y rojas. Eso es estúpido porque se destruye el paisaje. La idea es conservar la densidad y la compactación. Este edificio tiene un programa de establos, pistas, la casa del guarda… si las hubiese compartimentado, sería un desastre.

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DP: Eso es lo importante de los volúmenes grandes, en un volumen grande se debe compartir, y esa es la clave: compartir. Es una cuestión ideológica y política. Si haces muchos edificios pequeños: mi pequeña casa, mi pequeño coche…, no se comparte. Ahora, en París, tenemos el proyecto de unificar toda la región, el Grand Paris. Evidentemente va a ser complicado porque siempre va a existir la batalla entre la riqueza del oeste y la media más modesta del este de la ciudad. Pero es verdaderamente una buena idea. Debemos inventar o encontrar una estructura para hacer convivir a doce millones de habitantes. No podemos vivir dos millones y medio en París, y diez en los alrededores. Es una cuestión de necesidad. Antes siempre se decía «Paris et la banlieue», y ahora es sólo París, o el Grand Paris. Es un proyecto que va a dejar o ha dejado salir los problemas de identidad, de exclusión… es visionario.
PM: Un nuevo barón Haussmann...
DP: No, somos un ejército de pequeños barones Haussmann. Ahora habrá que ver hasta dónde se pueden extender estas fronteras, o incluso la necesidad de ellas, porque no podemos permitir que el Grand Paris se convierta en otro círculo cerrado. En cualquier caso, el tema de compartir es válido para la ciudad y para el campo. En un edificio grande uno entra, sale, trabaja, piensa, descansa, cocina… Es la idea de la función múltiple, como en la arquitectura tradicional en la que en el mismo volumen estaban los abuelos, los niños, los animales…
PM: Efectivamente, pero los animales tampoco pueden estar en cualquier lugar. Cuando veníamos hemos visto muchos caballos por el campo. En esta zona hay una relación estricta entre el paisaje y los animales. Yo no puedo imaginarlo sin ellos. Por eso, durante seis años, he estado convencido de que éste era el espacio para tener los caballos. Y es que el paisaje no es sólo un paisaje natural, es también un paisaje humano

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DP: Es una naturaleza artificial. Y nos encontramos con un problema completamente contemporáneo, la idea de construir en la naturaleza: en la naturaleza sí o no. La arquitectura es una construcción natural y se puede pensar que los muros son los árboles, el sol es la tierra, los forjados son el cielo…
PM: Además existe un error generalizado en pensar que la arquitectura es diferente del paisaje cuando en realidad son la misma cosa. Por esta razón, muchas veces, las regulaciones sobre la construcción en el paisaje están equivocadas porque el punto de partida es incorrecto.
DP: En el paisaje está la naturaleza y la arquitectura, no la naturaleza o la arquitectura.

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PM: La cuestión de los caballos es un poco como la arquitectura. Nosotros compramos los caballos con dos años y, durante ocho años los preparan para la competición. Es como cuando haces un proyecto: comienzas con la idea, la dibujas, piensas la construcción, te encuentras con problemas económicos, políticos… La posibilidad que tienes de que un proyecto falle es altísima, y con los caballos ocurre igual. Necesitan ocho años para preparar los movimientos, los ritmos, la música... nunca sabes si va a ser una buena inversión. Los proyectos, como los caballos, también se ponen enfermos.
DP: Nosotros también trabajamos en un concurso para una hípica (Hipódromo de Longchamp en París); son unos caballos totalmente distintos. Es un proyecto muy grande, y lo que intentamos fue que en la misma superficie la intervención del arquitecto desapareciera. Como aquí, nuestra idea fundamental era abrirse al paisaje e introducirlo en el edificio, más un jardín que un estadio. Es un proyecto muy horizontal, como una estantería. En las baldas se ve a la gente andando, bebiendo, descansando. Tiene dos capas, la profesional y la pública: la planta baja es para los animales y, por encima, unas pasarelas comunican los distintos servicios. Paseas por encima de los caballos, pero siempre junto a ellos.

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