© Miguel Galiano

Madrid, España

Entrevista con Nika Zupanc

Cosentino

Entrevista - 19.06.2019

En esta conversación Vanessa Feo, Responsable de Comunicación Internacional de Grupo Cosentino, entrevista a Nika Zupanc, diseñadora de interiores y producto globalmente conocida.

¿Cuál es el material inicial, esa chispa que desencadena el diseño de un producto? ¿En qué consiste tu proceso creativo?
Nika Zupanc (NZ): Para mí es muy importante saber para quién trabajo en todo momento: como diseñadora industrial, el producto es siempre una combinación de la filosofía propia y la de la empresa. Por eso el informe inicial siempre procede de la empresa. Luego, depende de si la empresa tiene un material propio con el que trabajar. Si es así, me centro en ese material por encima del resto. Hay otras empresas que no tienen su propia tecnología y, en esos casos, tienes que partir de puntos distintos, pero es siempre una combinación del material. Para mí, la innovación que aporta el material es muy importante, igual que hacer un uso innovador de las tecnologías existentes. Se trata de combinar la función, el aspecto y los colores con todo lo demás. Depende de cada producto; nunca se repite.



Los objetos que diseñas transportan al usuario final a algo parecido al escenario de un teatro. ¿Tu estrategia de diseño nace de una influencia teatral o cinematográfica concreta? ¿Qué es lo que más influye en tus diseños?
NZ: Creo que actualmente el diseño tiene un lenguaje muy fuerte. El diseño debe ser inteligente, claro y funcional. Tiene que ser inteligente en la manera en que usa la tecnología, pero tiene también un valor comunicativo muy fuerte, ya que te permite contar cosas, y eso es algo que me interesa mucho. Me encanta el teatro, la literatura y muchas otras cosas, pero no es algo que me influya de manera directa. De hecho, me influyen más las cosas cotidianas, lo que ocurre a mi alrededor. Son cosas a las que quizá otras personas no presten atención porque no son lo suficientemente atractivas, pero yo intento traducir todo esto y darle un nuevo significado a través del diseño y de los objetos. En ese punto es donde encuentro un toque dramático, porque estás diseñando de verdad e intentas atraer la atención o crear una historia a través de un determinado objeto.

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¿Cómo consigues que muchas de tus piezas resulten al mismo tiempo vintage y contemporáneas? ¿Cómo logras esa unión entre el pasado y el futuro, donde los dos están presentes?
NZ: Es difícil de lograr, pero es uno de los aspectos que más me interesan. Me atrae la elegancia atemporal y quiero crear piezas que no pertenezcan claramente a una época concreta, que podrían ser del pasado o del futuro, o incluso piezas que podrían perfectamente haber sido heredadas. Por eso no creo en conceptos como “estilo” o “tendencia”, ni en lo que está de moda en un momento concreto. Siempre opto por elementos, materiales, colores y vínculos atemporales, para crear objetos que no son propios de ningún periodo de tiempo concreto, pero que a la vez resultan novedosos. No es algo fácil, la verdad.

Háblanos de la lámpara Lolita que creaste para Mooi. ¿Era el primer objeto que diseñabas?
NZ: Fue uno de los primeros objetos que diseñé y el primero que se produjo en masa. Fue un punto de inflexión para mí. Tiene detrás una historia muy bonita porque tuvo lugar al inicio de mi carrera, cuando estaba enviando mis proyectos e ideas a muchas empresas distintas. Conocía Mooi y siempre pensé que mis creaciones encajarían muy bien en su colección, pero como no quería enviar los objetos, envié una invitación a Marcel Wanders. Ni siquiera tenía su dirección de correo electrónico, así que me la inventé, sin conocerle, y le envié una invitación para mi exposición en SaloneSatellite de Milán. En la invitación salía una imagen de una silla que le gustó y me respondió a la invitación, que no era solo para él. Se interesó por mi trabajo y, como yo ya había dibujado el modelo Lolita, se lo envié y ese fue el inicio de una maravillosa relación. En Mooi aprendí mucho porque es una empresa extraordinaria. Por un lado, revolucionó el mundo del diseño en Italia y, por otro, creo que Mooi fue —y es— una plataforma fundamental para los diseñadores jóvenes, ya que les ofrece la oportunidad de realizar y mostrar sus obras.

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Introduces códigos estéticos femeninos en tus diseños y muestras un carácter muy fuerte a través de ellos. ¿Hasta qué punto es relevante ese carácter femenino y qué buscas con él? 
NZ: Es una pregunta muy interesante, pero muy difícil de responder en pocas palabras. Es curioso porque intento no emplear la palabra “femenino” para mis objetos… (Nos reímos; estaba intentando evitar el feminismo a propósito con un tema más sencillo) Sí… Durante mucho tiempo no me atreví a hablar con claridad sobre ello, pero desde hace unos años soy más abierta y directa. No se trata de lo femenino, sino del feminismo. Lo cierto es que todos esos gestos, como la lámpara Lolita y la silla de lazo, son estéticamente preciosos, pero esa no era su finalidad. El objetivo era hacer preguntas. Por ejemplo, cuando creamos la lámpara Lolita con Mooi en 2007, se lanzó en rosa. Tanto ahora como hace dos años, el rosa es uno de los colores más habituales en Milán. Sin embargo, hace diez años, usar ese color suponía un riesgo, porque no sabíamos si nos iban a tomar en serio. Dudábamos si tenía demasiadas connotaciones que no nos gustaban o si restarían seriedad al proyecto. En el catálogo, además, aparecía la frase: “¿Quién teme al rosa?”. Lo que buscábamos era plantear preguntas. Hoy, cuando veo que el rosa se ha liberado, se ha desvinculado de un cierto significado, sin género, me siento muy feliz, porque creo que he contribuido a ese movimiento. 
La silla de lazo fue otro gesto, porque contiene determinados elementos estéticos que son un tabú. A veces, no siempre, me gusta jugar con esos elementos, sacarlos de la especie de gueto en el que se encuentran, y usarlos de manera que adquieran un nuevo significado. Además, el del diseño es un mundo de hombres y las reglas del diseño contemporáneo se escribieron en clave moderna, y siguen siendo muy rígidas. Como comentaba antes, creo que el diseño tiene un lenguaje muy fuerte y, en determinados proyectos, no todos, intento hablar sobre esos temas. Por otra parte, no diría que son más femeninos, sino más poéticos. Creo que se trata solo de un hueco vacío esperando a llenarse dentro del diseño para las personas, pero que no importa si estas son jóvenes o mayores, hombres o mujeres. Lolita y la silla de lazo son sin duda alegatos feministas, porque se diseñaron como provocaciones, para lanzar preguntas e intentar cambiar determinadas perspectivas.

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Acabas de decir que el mundo del diseño está dominado por los hombres. Este año en Milán ha habido una polémica relacionada con el escaso número de mujeres en la imagen de la inauguración de la Semana del Diseño de Milán. Los organizadores han pedido disculpas posteriormente…
NZ: Eran todo hombres en traje, sí… Es una imagen que han publicado diseñadoras como Patricia Urquiola y Paola Navone. En cierto modo, es difícil hablar de ello porque creo que, si eres bueno, al final no importa. Sin embargo, por otro lado, diría que las empresas de producción —no los artistas— están en manos de hombres y, en muchos casos, de generaciones más mayores, que son más reticentes a las nuevas ideas y las nuevas maneras de hacer las cosas. Es interesante porque veo que ahora es mucho más fácil trabajar con empresas más nuevas o con hombres más jóvenes. Con ellos no tienes este tipo de problemas; son más abiertos. Por eso creo que es cuestión de tiempo y que la situación está mejorando. Somos más abiertos y el género ya no es un problema en la profesión de diseñador. 

Has colaborado con grandes nombres del mundo del diseño. En la última Semana del Diseño de Milán has participado en la exposición Guiltless Plastic de Rossana Orlandi. ¿Cómo abordaste el tema del plástico y la falta de culpabilidad?
NZ: Me encantó que Rossana llevase a cabo este proyecto. Creo que actualmente es el tema más importante del mundo del diseño. Es algo a lo que todos debemos dar respuesta y es una pregunta muy compleja. Básicamente, hay dos maneras de hacerlo: una es dejar de crear plásticos vírgenes, y la otra es intentar reciclar y volver a usar los que ya tenemos, pero es complejo, claro. 
En este proyecto, he intentado usar materiales procedentes del plástico reciclado, pero no de la manera obvia en que se suelen usar. Los materiales reciclados a veces están vinculados a una estética en concreto, con unas emociones determinadas que no siempre nos gustan ni necesitamos. Por eso creo que será muy importante en el futuro usar estos materiales de una manera estética que, a simple vista, no muestre que son materiales reciclados o usados. Creo que esa es también la clave en lo que respecta a la culpabilidad. No tenemos que sentirnos culpables todo el tiempo. Claro que necesitamos actuar con responsabilidad, pero no es necesario que esté presente todo el rato. En el caso de mi proyecto, que consistía en un reloj, decidí usar una tela elaborada y bordada con un tejido y un hilo procedentes de botellas recicladas. El resultado era suntuoso, barroco, pero lo logramos con botellas de plástico recicladas.

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¿Notas muchas diferencias entre trabajar por tu cuenta y trabajar por encargo para una empresa?
NZ: Es completamente diferente: prefiero trabajar para una empresa porque trabajar con restricciones, dentro de un espacio muy limitado, supone un auténtico desafío. Cuando trabajo con una empresa, todo está bien definido desde el principio, desde el presupuesto hasta el uso de los materiales. Por eso, cuando logro crear algo bueno dentro de tantas limitaciones resulta muy gratificante. Trabajar por tu cuenta es un poco más sencillo porque puedes hacer lo que quieras, nadie te dice que no y no hay una lucha. Sin embargo, a veces es justo esa lucha la que fomenta la creatividad.

De igual manera que Cosentino procede de una pequeña localidad andaluza y ahora está presente a nivel mundial, tu trabajo tiene una proyección internacional pese a basarse en Eslovenia. ¿Encuentras la inspiración en Liubliana?
NZ: Sí, es una comparación interesante. Liubliana es una ciudad muy cómoda para vivir, porque necesito estar cerca de la naturaleza para ser creativa. Me encantan las ciudades grandes, pero para dos o tres semanas. Después de eso, necesito volver. Liubliana es una ciudad pequeña, pero está muy conectada con la naturaleza. Está muy bien situada, porque en un radio de 500 km tienes Milán, Belgrado, Viena, el Mediterráneo, los Alpes… Hay una diversidad increíble, con miles de influencias que me resultan indispensables. En algún momento he pensado en mudarme porque es mejor estar en Milán, pero al final creo que estoy demasiado vinculada a esta ciudad, así que me quedaré allí, aunque siga trabajando por todo el mundo. Por otra parte, estoy al lado de Italia, el país más importante cuando hablamos de la producción, y puedo moverme con el coche. Estoy lejos y cerca al mismo tiempo, y es algo que me encanta.

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