© Ernesto Artillo

Níjar, España

Cortijo Boquera Morilla

Álvaro Carrillo

Arte - 05.03.2020

Rehabilitación de un cortijo en Níjar realizada por el arquitecto malagueño Álvaro Carrillo con la intervención fotográfica del artista Ernesto Artillo.

Esta casa en Níjar forma parte de un cortijo de finales del siglo XIX subdividido y modificado a lo largo del tiempo para ser habitado por miembros de una misma familia. El cliente heredó una serie de cuartos en estado ruinoso, autónomos y no habitables, dedicados originalmente a animales y labores agrícolas: un pajar, un palomar, un gallinero, un troje y un par de corrales.

En la rehabilitación, Álvaro Carrillo propuso una secuencia de habitaciones mediante dos estrategias superpuestas: el trabajo con la preexistencia, dando protagonismo a los objetos singulares de piedra y manipulando los muros de carga creando en ellos nuevos huecos con formas atemporales, y la inserción de nuevas separaciones ligeras para incorporar las necesidades de la vivienda. El resultado es un espacio continuo a distintos niveles en el que los viejos muros masivos se funden con los nuevos elementos. La noción de descubrir los espacios con el movimiento se acentúa con la colocación de planchas de piedra, con distintas formas y composiciones, en el suelo continuo de cemento, una intervención realizada junto con el artista Ernesto Artillo –autor también del proyecto fotográfico ‘El espacio y el placer’–.

La casa se organiza al ritmo de las estaciones: durante los meses más calurosos su corazón es el patio, diseñado como una habitación al aire libre y equipado con una alberca y una arquería, se convierte en el lugar ideal para la reunión; mientras que durante el invierno, justo cuando habitar la casa se torna en una experiencia introspectiva, la vida gravita entorno a la habitación más elevada, donde está la chimenea y la única ventana de la casa, colocada estratégicamente a escasa altura del suelo para enmarcar el cercano cerro del volcán de la Granatilla. La luz, cambiante a lo largo del año, entra en la casa a través de linternas en la nueva cubierta, manteniendo la masividad de la construcción y subrayando la privacidad del interior.

La yuxtaposición de espacios, el volumen de aire, la cuidada disposición de las aperturas y la prácticamente invisible incorporación de la tecnología para el control energético–entre otras, el aumento del aislamiento de los gruesos muros de piedra para convertirlos en reservas energéticas– aseguran el confort y la experiencia de la casa. Esta fusión de lo vernáculo y lo contemporáneo subraya la necesaria atención y compromiso de la arquitectura frente a los retos climáticos.

Texto: Juan Antonio Sánchez Muñoz, Vincent Morales Garoffolo (Kauh Arquitectura).

© Ernesto Artillo
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