© José Hevia

Gerona, España

Bodega en Mont-ras

Jorge Vidal y Victor Rahola

Arquitectura - 10.10.2018

La construcción de una bodega y el proceso de producción del vino están ligados a una experiencia con la tierra. El vino es olor, color, sabor, cuerpo y esencia de la uva.

Esta formación de sentidos y percepciones necesita ir acompañada de un lugar capaz de enfatizar este proceso de transformación. Para ello el proyecto ha trabajado sobre cuatro aspectos claves.
En primer lugar, el programa de la bodega responde a la necesidad de producir vino, y también de establecer una relación con la masía existente, situada en el mismo enclave. Para la producción del vino se disponen cuatro naves en paralelo con espacios intermedios servidores que contienen las instalaciones. En la primera nave se almacenan los útiles del desarrollo agrícola de las viñas y alberga también los laboratorios, áreas de embotellado y cámara frigorífica. La segunda de las naves está destinada a las tinas de maceración del mosto. La tercera nave almacena, durante largos periodos, las barricas y las botellas en reposo. Por último, la cuarta nave esta destinada al área de catas, disfrute del vino y almacenaje de las botellas de descorche. Un acceso en forma de túnel desde la parte superior de la masía hacia la nave de catas organiza el recorrido de los propietarios. El acceso a las otras tres naves tiene lugar directamente desde las viñas.
 

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En segundo lugar, la humedad de la tierra contribuye a la conservación del vino. Así, la bodega se entierra, a fin de mantener la temperatura ideal y definir la plataforma de la masía. La tierra es moldeable y por tanto a su alrededor se puede espaciar: se construye espacio.
En tercer lugar, la profundidad del espacio es la absorción de sonido, de vacío y de sombra. La luz organiza el espacio, en un recorrido desde la claridad a la oscuridad y viceversa.
Por último, y en cuarto lugar, la bodega se construye valiéndose de la técnica para organizar el espacio y optimizar esfuerzos. El edificio es básicamente una plataforma enterrada. Su cubierta jardín descarga el peso de la tierra por medio de bóvedas de hormigón cuyo cálculo óptimo dibuja una sección de arcos hiperbólicos. La plataforma se transforma así en un captador y receptor de agua que se envía a un depósito para su posterior reutilización. Los muros de contención perimetrales responden a la mejor geometría para descargar los esfuerzos de comprensión de la tierra. Se resuelve con bóvedas de ladrillo colocadas en vertical que permiten la entrada de luz cenital.

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